sábado, febrero 18, 2017

Polémicas previsibles

Inventarse polémicas invernales es un buen sistema para pasar los días fríos y lluviosos, pero en general son muy limitadas y previsibles, cuando no abiertamente aburridas. En las últimas semanas hemos visto a la podemita portavoz de Podemos en el Parlament pidiendo una reducción de turistas no solo en verano. También en invierno. El tema se complicó cuando entró en un debate en Twitter: «No queremos más turistas en Baleares en invierno, porque los trabajadores, después de ocho meses de trabajo, están reventados». (Laura Camargo).
Pues que descansen y contraten a otros. Es lo primero que se le ocurre a cualquiera. ¿Estás cansado? Descansa. Asunto arreglado. Pero no es tan sencillo, porque esa podemita demuestra una ignorancia preocupante, casi a la par del odio a los hoteleros del oscuro Jarabo. El tema del turismo es esencial en nuestra economía, por esto hurgan en la herida cada vez que pueden. El problema es que gobiernan, manejan mucho dinero. Ya sabemos que poco a nada solucionarán, pero lo que se dice estropear, pueden estropear muchas cosas.
Por supuesto, pocas empresas turísticas existen en las Pitiusas que tengan abierto ocho meses. No hay turistas. Suponiendo que los hubiera, es probable que encontrasen camareras de piso entre las miles de mujeres paradas en las islas. Lo dije el primer día del tercer Pacto de Perdedores: que Dios en su infinita misericordia nos coja confesados.

Otro tema invernal ha sido el poco disimulado acoso a Vara de Rey. Nos guste o nos disguste, el nombre acompañó al paseo desde el primer día. Que haya alamedas o no las haya, depende de la época y del humor del alcalde de turno, es algo circunstancial. Se ha llamado Paseo de Vara de Rey desde el primer día en 1904 cuando lo inauguró el Rey Alfonso XIII (y su vara), por lo tanto es el nombre tradicional. No lo sé, pero quizás sea el único nombre así en todo el planeta. Y esto es sustancial.
Y en estas llega el IEE, que es una institución privada catalanista y catalanizadora siempre que se pueda y le hagan caso. Sugiere el nombre de S'Alamera, que es el tradicional, dicen. Pues no, es el espacio más tradicional y famoso de la isla, con una estatua del catalán Alentorn, asentada sobre piedras de Montjuic, que nos cobraron una a una. Se levantó por suscripción popular y costó 57.500 pesetas. No lo dicen, pero si se adoptara el nombre de S'Alamera, al cabo de unos meses los mismos del IEE «sugerirían» desmantelar la estatua. Probablemente.
El nombre más famoso y conocido, más tradicional y respetado es Paseo Vara de Rey, exactamente desde hace ciento trece años. El señor Ruiz lleva dos años de alcalde; el señor Vara de Rey lleva 113 nombrando el paseo central de Ibiza.

miércoles, febrero 15, 2017

Los almendros amenazados

Foto Sapos y princesas
Una de las imágenes más explosivas y radiantes de Ibiza no es el destello multicolor electrónico de las discotecas, sino el luminoso redondel del Pla de Corona encendido por las luminiscencias naturales de la flor de almendro en pleno mes de enero.
Ignoro la intensidad de la floración de este invierno, tan azaroso y ocupado por las lluvias y los vientos, pero en cualquier caso, los almendros de la zona ya son viejos y parecen estar concluyendo su ciclo vital y productivo. O sea, que los almendros de Santa Inés se nos mueren y lo harán casi todos al mismo tiempo.
Esta idea me vino a la mente cuando leí los estragos causados por la bacteria Xylella Fastidiosa, tan proclive a anclarse en los árboles frutales. En Italia ha causado daños en millones de árboles. De modo que si se extiende en las Pitiusas veremos cosas muy feas en muy poco tiempo. Solo cabe la esperanza de que la bacteria encuentre un reacción enérgica, pero ¿cómo? Nadie lo sabe.
Además los años pasados de sequía y el abandono generalizado de las labores del campo tampoco ayudarán a la supervivencia de este enclave privilegiado con un clima especial y bastante resguardado de los vientos agresivos.
Si en Ibiza se empleara la lógica –como en los afortunados y rentables bancales de cerezos del Valle del Jerte, Cáceres– se irían sembrando nuevos almendros para cubrir las pérdidas que serán sucesivas y abundantes. No sólo en el Jerte, en casi todos los valles de la zona, facturan cantidades imponentes en la venta de las cerezas. Durante más de doscientos años, los payeses ibicencos han encontrado una forma práctica de monetizar su vida mediante la exportación de frutales como la algarroba, la almendra, albaricoque y otros frutales muy preciados.
No soy muy optimista con la actuación de esta ristra de técnicos a las órdenes de unos políticos ineptos (5 millones al año nos cuestan solo los políticos). No hacen nada útil en previsión. A cobrar a fin de mes y el último que apague la luz.
Quizás haya algunos con entusiasmo y buena fe, pero miren como muestra un botón: el otro día nuestra presidenta Armengol (que por cierto no alcanzó ni un 19% de los votos) afirmó que desde el Govern se habían tomado medidas contundentes para el control de las serpientes. Y no se le cayó la cara de vergüenza.

sábado, febrero 11, 2017

El último regalo envenenado

Gentileza de EPPO gallery

Esta fea bacteria conocida por la Xylella fastidiosa es uno de los últimos regalos envenenados para Ibiza, una isla que ha recibido demasiados, no solo en tierra firme, sino bajo las aguas del mar. Basta recordar especies como las algas alóctonas, como la caulerpa taxifolia o la racemosa. Han llegado y se han aclimatado, lo cual no tiene nada de positivo.
Ignoro si la bacteria que liquida los árboles frutales ha llegado a Formentera, pero ya llegará. Existe ya en varios países europeos, como Francia y Alemania, pero fue en Italia donde se descubrió y donde ha creado un daño inmenso en los olivares y donde los agricultores se han empleado a fondo en los tribunales de justicia y contra las directivas de la Unión Europea, que pretende arrancarlo todo.
Pero el bicho no entiende de papeles. Cuando se instala, normalmente en plantas importadas por los viveros, toma el mando del árbol que la hospeda y los mosquitos y otros agentes infecciosos comienza su labor de esparcir el patógeno en otros frutales cercanos. En más de 300 especies distintas. No tiene manías ni es demasiado selectivo. Muestra una eficacia temible en los olivos, los cítricos y en los almendros, pero se puede hospedar en los sitios más inesperados. Al tiempo que ocluye los vasos por donde circula la savia, los mosquitos o artrópodos lo van esparciendo por los alrededores.
Ello explica la medida, muy contundente, de arrancar todos los árboles a cien metros a la redonda. En Baleares ya se han detectado y neutralizado algo más de dos mil. Uno de los primeros provenía de Cataluña, en concreto de Alcanar, Tarragona. La conselleria lleva un control y un registro precisos. O esto dice.
El hecho de exterminar los árboles según este radio y estas normas, probablemente dejaría toda Ibiza pelada sin un solo frutal. La imagen sería desoladora, aunque tengo mis dudas de que afecte a los pinares, que a su vez ya gozan de un contumaz enemigo personal entre las orugas de la procesionaria.
El asunto es muy preocupante. Nos queda confiar en la fortaleza natural de los árboles de Ibiza, que con cierto tiempo generen anticuerpos que los defiendan de la bacteria, pero ignoro si ello será así. Suspense.

miércoles, febrero 08, 2017

Una entrada de año escalofriante


Si los pitiusos no estuviéramos ya curados de espantos yo diría que la entrada al 2017 nos da susto. Espanto. Pero lo dejaremos en escalofríos, por aquello de los vientos, los temporales marítimos, los fríos y las nevadas que apenas han cuajado.
Fácil comprender que el fenicio no se refiere al clima, que también, porque se ha manifestado con tal crudeza que en algunos casos ha levantado el miedo en la población. Y con toda la razón del mundo.
Aparte de los sobresaltos meteorológicos, hace lustros y décadas que vivimos con el corazón en un puño y el puño bajo el sobaco. No le dimos importancia cuando los pozos empezaron a asalitrarse y a llenarse de coliformes, pero no sabíamos que era el principio de una cadena de desastres que están borrando el aura de Ibiza. Aquello siguió con el diseño monumental de las carreteras, proceso que aún no ha terminado. Siguió con un aire cada vez más contaminado en verano y con unos niveles de ruidos que causan locura y otros desórdenes en la salud.
Siguió con un proceso de balearización incontenible e irreversible en las costas y en el interior. Con una sequías africanas (al menos tres en los últimos 30 años). Con unos incendios de dimensiones jamás vistas, ni siquiera cuando los cruzados catalanes incendiaron media isla en el año 1114 para eliminar a la población local, que jamás ha sido catalana.
Por el camino hemos dejado muchos árboles frutales, mucho bosque y casi toda la costa accesible, o sea, la costa no acantilada. Pocas veces ocurren tantos fenómenos encadenados, con tal intensidad y casi siempre por la misma causa: el arrasamiento de la isla para ponerla al servicio de la industria de tostado. Del tostado de turistas.
En años pasados se recibió la fatal noticia del cáncer de los viñedos. La filoxera acabó con gran parte de la producción de vino en Mallorca, desde 1891. Ibiza no dependía de las uvas, pero también recibió su castigo. Casi lo mismo ocurrió con la mixomatosis, a partir de 1938 (aunque ya se conocía cientos de años antes), una enfermedad vírica que mata a los conejos de manera fulminante.
Ahora, en plena entrada de año, se da a conocer el ´ébola de los olivos´ causado por una bacteria que elimina los árboles sin remedio conocido. El ébola es causado por un virus, no por una bacteria, así que el apodo está mal elegido. Es mejor su nombre científico: Xylella fastidiosa. Puede dejar Ibiza sin árboles, dicen. No pasaría nada, ya quedamos sin agua, pero el asunto da miedo, sí.

sábado, febrero 04, 2017

De sequía a diluvio

Sa Caixota desplomada. Puede volver a ocurrir

Hogaño han llegado sin timidez los días convulsos, acompañados de una gripe virulenta que te deja el cuerpo baldado. Primero fue el aviso de las lluvias masivas. Más adelante las lluvias regresaron con sus vientos destemplados que tanto daño suelen ocasionar cada año en nuestras costas.
Dejan huella. Siempre empleo la misma expresión: el agua saca a relucir sus escrituras. Aquellos distraídos o confiados que levantaron un garaje en el torrente o cerca de las aguas, de la noche a la mañana descubren que se han quedado sin nada. Lo mismo les ocurre a quienes construyen esperpénticos chalés en las laderas arcillosas de algunas zonas de la isla.
Al respecto leo que los geógrafos reclaman desde 2008 a Costas que tome medidas para evitar el posible deslizamiento del ayuntamiento de Ibiza y de gran parte del acantilado de la Peña, que como se sabido está formado por margas y arcillas que con el tiempo resultarán inestables. ¿Cómo no voy a estar de acuerdo con estos geógrafos si yo ya lo denuncié en los años 70, cuando incluso varias paredes interiores sufrieron grietas amenazantes?
Creo recordar que fue durante la alcaldía de Juan Prats o de Adolfo Villalonga (no lo recuerdo ahora). Se instalaron unos testigos de yeso, pero cuando estas tierras deciden derrumbarse no dan aviso. Son imprevisibles. Que se lo digan a los vecinos de sa Caixota en es Cubells.
Quiero decirlo claramente: Costas no hará nada si no ve una rentabilidad inmedita. Y dos: el acantilado puede derrumbarse en parte en cualquier momento, máxime desde la construción del dique de es Botafoc, que potencia la ferocidad de los embates marinos.
En los litorales de Valencia sufren el mismo mal que en las Pitiusas y por la misma causa y en las mismas fechas: las incontenibles tormentas de Levante que arrastran todo a su paso. En Alicante y Valencia son decenas los chaletitos de verano que han sido engullidos por el mar. En Ibiza también hemos pagado un alto precio, pero el problema es que la gente olvida enseguida y se recae en los mismos errores.
De todas formas, escribo esto a principios de febrero, que suele ser un mes de fríos contumaces, pero dudo que se repitan estas tormentas tan destructoras. Las tradicionales y acogedoras menguas de enero –cuando el mar encalmado desciende varios metros– han resultado casi todo lo contrario: días y semanas de tormentas muy belicosas. Ses minves de gener, decimos en las islas.
Dice la canción campesina que tras una marejada suele venir una bonanza. En Ibiza ha sido algo distinto por una vez: tras una sequía atroz, nos ha inundado un vendaval y un diluvio. Y la cosa no ha terminado.